
Siempre existe alguna clase que nos gusta mucho, la que nos apasiona, encanta y todo eso. La que nos hace apurarnos para llegar a la hora, poner la mejor cara de atención cada vez que el profesor nos mira, la que nos hace anotar hasta el chiste que él diga en clases
Pero a pesar de todas esas cosas buenas, y esas ganas de asistir, siempre está el "contra", la piedrecilla en el zapato. Ese factor que te embarra toda la clase, ese detalle que te hace salir de mal humor, que hace que no puedas disfrutar la clase como se debe, con el respeto y atención necesaria.
Me refiero a "ese" estudiante: "El preguntón". Al que le gusta levantar la mano en todos los momentos en que le sea posible, en cada pausa que haga el profesor, ya sea para comentar, para hacer pública su aburrida vida o para preguntar estupideces.
Seguramente lo hace porque debe sentir que es el único lugar en donde lo(a) escuchan.
No tiene nada que ver conmigo que no tenga amigos que le entiendan todas sus pavadas y tampoco que nadie en su casa le de "bola"
¿Por qué tengo que escuchar todos esos comentarios "cero aporte" que dice con cara de: acabo de descubrir América.
Aunque podemos "disfrutarlo" de cierto modo. Porque algo tienen de divertido sus comentarios, o más bien son las consecuencias de éstos.
Por ejemplo, la reacción del curso. Se produce un murmullo, una ola de frases con tono de agotamiento: "que lata", "de nuevo esta mina", "Que manera de decir imbecilidades" y más. Por cierto, el "preguntón" nunca escucha nada, o nos ignora, el punto es que sigue levantando la mano una y otra vez.
En ese memento es cuando todo el resto se pone amigable y nos hacemos todos compañeros de la vida, porque no importa que jamás le hayas hablado al tipo que ese día se sentó a tu lado, el te mirará con cara de "ojalá se calle pronto", y esta será la misma expresión con la que le devolverás la mirada.
Lo otro es ver la cara del profesor, cómo va evolucionando durante el semestre.
1. Las primeras clases, como que lo quiere un poco, ya que es el único que, sin ningún pudor, alza el dedo para decir cada pensamiento que se le venga a la cabeza.
2. Un tiempo después le tiene lástima, porque, por el contrario del "preguntón", el profe sí se dio cuenta del murmullo generalizado en su contra.
3. Después viene la etapa de evitar mirarlo directamente a la cara, ignorarlo. Porque tiene claro que si le llega a dar la más mínima posibilidad a ese alumno en particular, algo va a decir.
4. Y la que más me gusta es la última etapa, cuando el docente ya no puede esconder sus muecas, cuando él también está igual de cansado que el resto de la clase de tener que escuchar sus "preguntitas".
La cara de sorpresa y de pena se pinta en el rostro del profesor, las cejas se levantan y hace una pausa, porque no puede creer la cantidad de idioteces poco relacionadas entre sí, que puede llegar a decir un alumno, ESE alumno tan especial.
Algo de bueno que tenga el aguantar al "Preguntón" todas las clases. Porque para desgracia y mala suerte de todos, a este sujeto le gusta tanto la clase como a ti.
La clase preferida
18:56
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Martes
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